Vuelvo a hundir la cara en la almohada, aspiro tu aroma y cierro los ojos: todo vuelve a empezar. Uno, dos, tres... cuento en voz baja hasta diez. Me pregunto cuánto tiempo durará la eficacia de tal costumbre: así callo, así estamos bien. No me importa que nada de esto acabe como esperaba y a la vez esperaba que no fuera, tan real, tan surrealista, tan cerca y te fuiste.
Cuántas ganas de mentir: tan sólo espero que podamos seguir repitiendo todo esto. ¿Y qué importa? Yo no tengo derecho a pedir nada, me conformo siempre con las migajas de un todo que todavía no he podido disfrutar plenamente. ¿Cuándo podré, al fin, hablar con seguridad de lo bien que sale todo?




